Geoeconomía, estrategia e integración

 



Introducción

Esta ponencia aborda la relevancia de la geoeconomía en el contexto de la seguridad nacional. Tanto el desarrollo económico sostenible como la protección de la seguridad se configuran como intereses esenciales para los Estados. En la actualidad, la geoeconomía ha ganado protagonismo al convertirse en una herramienta fundamental para alcanzar objetivos geopolíticos, pues los gobiernos incrementan el uso de instrumentos económicos para salvar sus intereses (Blackwill y Harris, 2016). En este sentido, se aplican de forma intensiva los principios de la ciencia económica, entendiendo al mercado como un eficiente organizador de la actividad económica orientado a mejorar la calidad de vida (Mankiw, 2012). Así, los Estados diseñan estrategias que combinan poder blando y duro, estableciendo acuerdos de integración económica que respondan a sus intereses nacionales.

La ponencia se desarrollo en el VI Congreso de Fundamentos para el planeamiento de la Seguridad y Defensa Nacional. 

Geoeconomía y sus fundamentos en el contexto de la seguridad

La geoeconomía se define como el empleo de la política económica para alcanzar objetivos de dominación o protección del bienestar nacional en el entorno global, sin soslayar los efectos que las acciones económicas de otros países pueden tener sobre los intereses propios (Blackwill & Harris, 2016). Las políticas económicas deben estar alineadas con la preservación de la seguridad, garantizando la libertad y los principios constitucionales, y bloqueando cualquier amenaza (De la Corte & Blanco, 2014).

En este contexto, el papel del Estado es asegurar el proceso de producción, distribución y acumulación mediante políticas que regulan el comportamiento de los mercados, sin comprometer la propiedad privada ni la libertad individual. Las fiscales, por ejemplo, deben orientar hacia el crecimiento económico (Palazuelos Enrique, 2015) y fomentar la expansión tanto de la oferta como de la demanda a nivel nacional e internacional. Las políticas de comercio exterior, por fin, han de ser coherentes y dirigirse a la creación de nuevos mercados, promoviendo movimientos fluidos de capital que preserven la soberanía monetaria y aseguren un uso eficiente de los recursos estratégicos.


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